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Dos han sido los entrenadores que ya han sido cesados en los equipos de categoría nacional en el fútbol murciano: el del
UCAM Murcia, de Tercera División, y el del
Cartagena, de Segunda, cuando ambos apenas habían podido sentarse cuatro o cinco veces en el banquillo. Y en ambos casos el denominador común ha sido la impaciencia de quienes se creen saberlo todo en el fútbol y que no tienen la tranquilidad necesaria para aguantar a un técnico en el que han depositado su confianza tan sólo un par de meses antes.
Por contra, existe, aunque en menor medida en el fútbol, la virtud de la paciencia, que es la que han tenido los rectores del
Real Murcia para seguir confiando en
Iñaki Alonso cuando en las primeras jornadas estaba exactamente igual que el Cartagena, con 0 puntos y sin ganar un partido. Ahora, tres jornadas después,
el Murcia lleva ya siete puntos con el mismo entrenador en el banquillo y
el Cartagena sigue siendo el colista sin un solo punto después de haber cambiado de entrenador. ¿Qué merecía más la pena? Indudablemente seguir confiando en el técnico en vez de tomar una decisión cuando menos precipitada y claramente perjudicial para los intereses del club.
En el caso del UCAM Murcia, para más ‘inri’, han despedido al entrenador que el año pasado les hizo campeones de Tercera División y al que habían renovado su confianza en el verano. Item más, en la cuarta jornada de la temporada 2010-11, el entonces Costa Cálida llevada tres puntos –exactamente igual que ahora– y al final fueron campeones con clara ventaja.
¿Qué ha cambiado de una temporada a otra? Simplemente la impaciencia de los dirigentes –y de algunos adláteres que encima ven presumiendo de que ellos se cargan entrenadores como churros, sin darse cuenta de que hacen el ridículo–, que no han sabido ser consecuentes con la decisión que tomaron en su momento.
En el Cartagena, echaron a Juan Ignacio Martínez porque no debía servir para el Cartagena y ahí le tienen: entrenando en Primera División y metiendo al Levante entre los cinco primeros de la tabla después de haber ganado a todo un Real Madrid. ¿Servía o no servía para el Cartagena?
A lo mejor los que no servían son los presidentes de ambos clubes –Cartagena y Ucam Murcia– y sus correspondientes adláteres que tan pésimamente les aconsejan. Todos ellos podrían tomar ejemplo del saber estar y de la tranquilidad de Jesús Samper y del Real Murcia. Pero me temo que no aprenderán nunca...